15 de septiembre de 2018
Creo que no se podía estar más emocionada de lo que yo estaba ese día. Me levante, acabé de cerrar las maletas y me marché hacia el aeropuerto acompañada de mi familia. Yo partía con ventaja ya que empezaba el viaje con una chica que ya conocía y que venía a Cracovia de Erasmus también.
Antes de subir al avión conocimos a otras dos chicas que también iban de Erasmus allí y que se acabaron convirtiendo en unas de mis mejores amigas en esta gran experiencia.
Llegamos al aeropuerto de Cracovia y, como habíamos contratado un servicio de transfer, nos estaba esperando un señor con un cartel con nuestros nombres y que no esperaba que fuesemos a llegar cada una con dos maletas de 25KG, pero es lo que tiene irse seis meses fuera y a un país donde hace mucho frío… te tienes que llevar el armario a cuestas. Afortunadamente conseguimos meternos en una furgoneta bastante decente y nos llevó hasta Laborooms, nuestra residencia y la que se convertiría en nuestra nueva casa.
Al llegar ya era de noche, aunque no era muy tarde, pero en Polonia anochece mucho antes que aquí y nos encontramos delante de una puerta en ruinas con bastante mala pinta. Nos esperaba Aneta, la secretaria de la residencia, con las llaves. Ella nos ayudó a subir las maletas y nos enseñó nuestros pisos y cuartos. Nos fuimos a cenar y a dar una vuelta por el centro para empezar a conocer nuestra ciudad.
Los primeros días fueron un poco solitarios, ya que habíamos llegado las primeras y al resto de compañeros les quedaban aun días para llegar, pero cuando el resto de desconocidos llegaron de todas partes de España todo cambió y nos convertimos en una verdadera familia.

